jueves, 1 de agosto de 2013

Esta vez no digas nada

Mi nombre es Thomas. Nací en Argentina, pero a los pocos meses mi familia se mudó a Estados Unidos. Primer error. ¿Alguna vez viste en las películas que los jóvenes estadounidenses son cerrados y que la popularidad es lo más importante? Es cierto. No, no soy uno de los marginados, ni un friki o un nerd, pero tampoco me considero súper popular. Me limito a sobrevivir día a día en aquella jungla. Tengo un buen grupo de amigos y conocidos, pero sin duda no podría vivir sin mis amigos Chuck y Annabeth. Por ellos no sufrí la preparatoria.

Bien, para empezar, te contaré cómo eran las cosas en casa. Mi mamá era genial, siempre comprensiva y tierna. Un poco sensible, pero no era tan grave. Era una totalmente antagónica con mi papá. Él era un típico hombre “Post-Moderno”, con la diferencia de ser totalmente cerrado.  Se iba al alba y regresaba casi para la cena. Siempre, pero siempre, hablaba de trabajo y de política. Mi mamá le daba charla, pero mi hermana Maggie y yo solíamos ignorarlo. La política no es lo mío. Da igual, mi papá no era el mejor y cada vez que quería acercarse a mí, lo hacía sólo hablando de mujeres. No me molestaba, un rato, pero era nuestro único tema en las conversaciones y eso me deprimía. Mi hermana, bueno, que puedo decirte. Nos llevábamos muy bien, aunque cada tanto nos peleábamos por bobadas. Ella era mi confidente, nos conocíamos muy bien el uno al otro.
En fin, era el primer día de clases, por lo que tocaba un día largo de estudio, pero a la tarde, comenzaban las primeras prácticas para entrar al equipo de Football. Me gustaba en serio ese deporte, era una gran descarga a tierra para cuando me estresaba. Luego de eso, tenía planeado ir al cine con Annabeth y Chuck. No me preguntes que película íbamos a ver, no recuerdo el nombre.
Llegué caminando a la preparatoria, ya que vivo solo a tres cuadras de ella. Eran un gran edificio con un estacionamiento y una fuente de agua en el centro de la parte delantera. Fui directo a mi clase, que era bastante aburrida. El profesor se presentó y obligó a los nuevos a hacer lo mismo. Sólo eran tres, por lo que rápidamente el profesor comenzó a dictar nuestros programas y hablar sobre lo divertido que sería la materia el resto del año. Un típico primer día de clases.
 Cuando llegué a mi casillero al terminar la hora de clase, me encontré con el amor de mi vida, Rachel. Para mí, ella era perfecta. Era menuda, de pelo negro y ojos de color chocolate. Era delgada y siempre sonreía, ella irradiaba felicidad.

-Hola amor.- dijo ella luego de besarnos.

-¿Cómo esta todo?-

-Bien, ya me han dado tarea de Literatura y mis amigas no dejan de esperar el gran baile y esas cosas.-

Nos volvimos a besar entre pequeñas risas. A los dos nos causaba mucha gracia que las amigas de Rachel solo tuvieran espacio en su mente para esas cosas.

A lo largo del corredor divisé dos figuras conocidas. Una de ellas era la de Chuck. Había crecido un poco más y noté que había pasado tiempo entrenándose. Tenía tez latina de ojos verdes y su pelo era castaño. Era un gran tipo y un gran compañero. Iba vestido como solía hacerlo casi todo los días, una camiseta con un extraño estampado y unos tejanos negros a los que hizo bermudas. A su lado iba Annabeth con un liviano vestido de verano de color rosado. Era un poco más alta que Rachel, a quien yo le sacaba una cabeza. Sus ojos eran de un color caramelo y llevaba su pelo rubio atado en una coleta. Tenía un libro bajo su hombro. Le encantaba leer, nunca dejaba de hacerlo y ello a la vista de los demás, era de friki. No lo crean, ella era genial.

-¡Buenas!- dijo Chuck.- ¿Cómo va eso?

-Hola Chuck, Annie.- saludé.- ¿Que cómo va? Pss, con todo un año escolar por delante.-

-No es tan terrible, Tom.- rió Annabeth.- Además, este es el último.-

-Cierto amor, además, yo creo que será un año emocionante.-

Nunca hubiese creído que Rachel tenía tanta razón. No pudimos hablar mucho más, el timbre sonó por todo el colegio y nos vimos obligados a ir a clases. Llegamos y elegimos nuestro lugar de siempre, en el centro y al fondo del aula. Entonces un chico nuevo entró al aula. Se sentó en el banco de mi derecha. Era de pelo y ojos negros. Su peinado era corto y llevaba una pequeña cresta. Vestía una campera negra y una camiseta gris que se adhería a su pecho y brazos. Llevaba puesto unos tejanos azules que tenía rotos las mangas a causa del uso y de que le quedaban largos. Era un poco pálido, como yo. Colocó su campera en el respaldo de la silla.

-¡Hola! Soy Rachel y él es Thomas- dijo emocionada.- ¿Cómo te llamas?-

El nuevo nos miró y sonrió ante la emoción de Rachel.

-Peter, es un placer.- dijo con una voz tranquila, pero nerviosa al mismo tiempo.

Hablé con él mientras Rachel tomaba los apuntes del profesor. En serio, amaba cuando me hacía eso. Peter me contó un poco de su historia, me dijo que era de un pueblo lejano y que vivía con su madre, ya que su padre y hermano habían muerto en un accidente cuando él era niño.

Terminó la hora y cuando estaba saliendo Peter me dijo.

-¿Hey… podrías decirme como enlistarme para entrar al equipo de Football?-

-Claro, yo también me enlistaré, ¿por qué no me esperas en el comedor?- le dije con una sonrisa que nunca planee darle. Él me la devolvió y se marcho con su campera y mochila al hombro.

El tiempo comenzó a transcurrir rápido. Cuando por fin nos habíamos enlistado, me dio su correo para que lo agregue en Facebook. Y así lo hice. Me hubiese encantado decirte que desde ahí tuvimos una gran amistad, pero no lo fue, fue mucho más. Comenzaba a estar pendiente de él en todo momento. Estábamos juntos todo el rato que podíamos y nos mandábamos mensajes en todo momento. Me encantaba como era él. Era tan abierto de mente, tan espontáneo con las cosas. Era un gran amigo, pero un día, algo cambió en mí. Cuando nos enteramos de que habíamos entrado en el equipo, nos dimos un gran abrazo, pero no fue uno cualquiera, fue un abrazo largo, cargado de sentimiento. Pasaron dos meses. Dos meses en los que solo me importó Peter. Al caer en eso, me aterré.

Empecé a ver a los chicos de una forma distinta, y no podía evitarlo. Huía a esos pensamientos, pues no podía creerlos. Aún amaba a Rachel con locura, me atraía en todos los sentidos. Pero… algo no estaba bien en mí. Podría decirse que antes me sentía completo con Rachel y mis mejores amigos, pero ya no. Comenzaba a sentir que algo me faltaba. Un día se lo pregunte a Annabeth.

-¿Qué crees que me está pasando?-

-Bueno, por lo que me cuentas, Tom, creo que te has enamorado de alguien más.- dijo ella.

-¡¿Qué?! Es imposible. ¡Amo a Rachel!- le dije enfadándome.

-Nunca dije lo contrario, solo digo que quizá Rachel ya no sea tu único amor.-

Me enfadé tanto que dejé de hablarle por una semana. Claramente me di cuenta de que mi enojo no era con Annabeth, si no conmigo. Ella no tenía la culpa de que algo en mi haya cambiado. No tenía la culpa ella de que yo, cuando estaba en el vestuario a punto de bañarme y Peter se cruzó, me había odiado completamente. Me odiaba por haberme enamorado de mi amigo Peter. Tuve que cambiarme rápidamente, pues no pude evitar que mi cuerpo represente mi amor por Peter. Huí. Él me llamó pero no pude girarme y hablarle.

Al día siguiente no fui a clases. No podía ver a Peter sin sentirme culpable por Rachel. Ella no debía enterarse, bueno, nadie podía. Debía pensar en mi familia. ¿Cómo se sentirían? Mi mamá, calculo que llorará un poco pero luego entraría en razón. Mi hermana, seguro se burlaría un poco, pero también entendería. Ahora… mi papá, bueno, seguramente planeé echarme de mi casa o que me cambie el apellido, algo así.

Cuando volví al colegio, él me tomó del hombro.

-Tú y yo tenemos que hablar.- me dijo seriamente.

Lo seguí hasta estacionamiento techado, donde nadie dejaba el auto puesto que no se lucían y nadie los veía. El lugar siempre estaba vacío y sucio.

-Muy bien, dime, ¿qué sucede?- le pregunté yo.

-A mí, nada, ¿y a ti?- me acusó.- ¿Por qué huiste el otro día?-

Porque me di cuenta de que te amo.

-No me sentía…bien…- mentí

Él me miró fijamente a los ojos. Me descubriría, lo sabía, no podría ocultarle lo que descubrí.

-Está bien, Tom, haré de cuenta que te creo. Pero… la verdad…-

-¡No!- dije mientras me caía de rodillas al suelo.- ¡No puedo mentirte!-

-¿Qué te pasa?- me dijo apoyando su mano en mi hombro.

-Me odiarás por esto, Peter, me odiarás como yo me odio a mi.- le dije.- Pero la verdad es que me di cuenta de que siento cosas por ti, no solo amistad. Créeme que no lo busqué ni nada de eso, pero es algo que brotó en mí.-

Peter no me respondió, parecía estar en shock.

-Por favor, dime qué piensas.-

Peter me hizo ponerme de pie y me miró fijamente a los ojos. No vi odio en ellos, si no, otro tipo de sentimiento igual de poderoso. No me resistí cuando me dio un beso. Cuando se separó de mi, corrí. Me llamó, pero nuevamente lo ignoré. De camino a clase, me crucé con Rachel. Me sentí horrible. ¿Cómo pude ser capaz de hacerle eso?

-¿Qué te pasa?- me preguntó.

No podía lastimarla. A nadie, esto debía ser entre Peter y yo. Por el bien de todos. Le dije que estaba bien, que no era nada.

Al día siguiente, me encontré con Peter de nuevo. Nos miramos, ambos avergonzados por el día anterior. No hablamos hasta que él dijo.

-Mira Tom, sé que podrá ser muy confuso para ti durante un tiempo.- me aseguró.

-¿Hace mucho eres gay?- dije en tono de broma.

-Sí,  y como tú, tengo pareja. No deseo lastimarlo, pero… la verdad… siento que quiero más que una mera amistad contigo.-

Nos quedamos otro tiempo en silencio. Como dijo antes, todo era muy confuso.

-Yo tampoco quiero alejarme de Rachel, ni de mi vida anterior. Pero ya te dije, siento cosas por ti que no quiero esconder. Todo esto es una buena mierda.-

Peter se rió.

-Lo es. Pero, no tenemos por qué hacer de cuenta que nunca nos conocimos. Podemos vernos después de clases, salir, o lo que sea. No necesito ir dando… besos... por ahí.- noté como se incomodaba con esta última frase. ¿Acaso yo también me incomodé?

-Tienes razón. Bueno, tengo que ir a clases, Pet, nos vemos luego.-

 Me seguí viendo con Peter a escondidas, en su casa o en la mía. Finalmente me di cuenta de que Annabeth tenía razón, no estaba completo porque no aceptaba que amaba a Peter como amaba a Rachel. Los amaba a ambos. Un día me di cuenta que al amar a ambos de la misma forma, también quería algo más de Peter.

Aun me río y siento escalofríos cuando recuerdo como fue aquella noche. Habíamos ido a cenar y luego al cine. Era una película de aventuras, pero contenía un poco de romance entre los protagonistas. Fue ahí cuando me di cuenta de lo que quería de Peter. Una noche que solo él podía darme. No era virgen, había debutado incluso antes de estar con Rachel, pero cuando lo hice con Peter, fue muy raro. Estábamos saliendo del cine cuando me besó delante de la gente. No me preocupé, ya que nadie de nuestra escuela estaría allí debido a la distancia enorme que había. Por si te preguntas, elegimos ese cine a propósito. En fin, Peter me abrazó y me susurró:

-Tengo una idea de lo que podemos hacer ahora.-

Lo seguí con el corazón latiendo fervientemente. No me di cuenta de que él sentía lo mismo hasta que vi a donde me había llevado. No recuerdo muy bien a partir de ese momento. Sólo tengo fugaces recuerdos de él arrastrándome a la cama, desvistiéndonos y besándonos. Sentí nauseas en un momento debido a todos los sentimientos que me atacaban. Amor. Miedo. Satisfacción. Duda. Amor. No digo que Peter lo hacía mejor que Rachel, pero todo era muy nuevo para mí en ese entonces.

Al día siguiente fue Peter el que no fue a clase. Me sentí un poco solo, incluso irritable. Rachel lo notó. La vi triste, como si estuviera descuidada. Me juré intentar arreglar el asunto con ella.

Finalmente el año transcurrió. Había logrado, milagrosamente, darle un equilibrio a todo. Seguí estando con Rachel y mis amigos y también pude estar con Peter. Te diría que mis notas eran buenas y todo eso, pero no. Es que, nunca fui un gran alumno, pero nada alarmante. Como sea, llegó el día del baile de graduación. Claramente fui con Rachel, quien estaba hermosa y resplandeciente esa noche. Llevaba su pelo sumamente lacio y dos pequeñas trenzas atadas entre sí un poco más debajo de su coronilla. Su vestido era azul marino. Ajustado en la parte de arriba hasta la cintura, donde luego se abría con pliegues de tul hasta las rodillas.

-Te ves hermosa.- le dije con una sonrisa.

-Tú también vas muy guapo.- me dijo devolviéndome una sonrisa.

-No te creo.- le dije riendo.- ¿Qué tengo de guapo?-

-Bueno… Tu pelo rubio, tus ojos azules, hasta tu altura.- dijo riéndose al final.- Y claro está, tu forma de ser. Eres perfecto, Tom.-

 Llegamos al salón del colegio. Estaba repleto y la música a tope. Globos plateados y dorados iban de un lado a otro. Miles de guirnaldas decoraban las paredes y muchas de ellas colgaban del techo. Bailamos junto a Chuck y Annabeth que extrañamente no dejaban de ojearse. Me reí para mis adentros al no darme cuenta. Me sentí feliz por ellos. Más tarde llegó Peter, con su traje gris y su corbata negra. Me hizo señas para que lo siguiera. Sin darme cuenta terminamos en el baño. Nos besamos, un par de veces, hasta que con una horrible tristeza reflejada en sus ojos me dijo.

-Me voy a mudar.-

-¿Qué? ¿¡Por qué!?- me quejé.- ¡No puedes dejarme!-

-Créeme que no quiero eso. Pero mi mamá consiguió mejor trabajo lejos de aquí. Me mudaré lejos. No creo que nos volvamos a ver.-

No podía verlo a los ojos pero él me obligó a hacerlo.

-Te amo Tom, no lo olvides.- y luego me besó.

La noche terminó. Me fui a dormir destrozado y agotado por intentar ocultarlo. Al día siguiente, cuando busqué a Peter, ya se había ido. La tristeza me agobió, pero no del todo. Ahora sin Peter, podía seguir mi vida normalmente. Ya no le mentiría  a nadie. Nadie logró descubrir mi amor hacia él. Todo seguiría normal… o al menos, como parecía serlo antes.

Quince años después. Me casé con Rachel y tuvimos dos hijos, un niño y una niña. Somos felices, sí, y sí, también sigo pensando en Peter. No creo que pueda olvidar lo que viví junto a él. Aún me pregunto sobre que hubiese pasado si nos hubiésemos quedado juntos.

 Nos mudamos a Nueva York, debido a que Rachel consiguió su sueño de trabajar en Broadway. Aún hablo con Annabeth y Chuck, quienes también se casaron y tienen un niño.

Un día, mientras paseaba por el centro, me sucedió algo increíble. Al entrar a un bar, me crucé con un sujeto que me era extrañamente familiar. Vestía un traje de oficina. En su mesa había un café y un ordenador portátil. Tenía el rostro concentrado en el ordenador. Ese gesto, ese rostro, lo reconocí. Era él. Caminé hacia él y lo llamé.

-Peter…-

Él me miró y me sentí completo de nuevo, como hace quince años atrás.

-Tanto tiempo.- dijo él.-Te he extrañado mucho, Tom.-

Luego quitó de sus bolsillos su billetera y de ella, una foto gastada. Era una foto de él y mía sonriendo, como amigos, de aquella noche cuando habíamos ido a cenar y luego al cine.

-No pude despedirme.- le dije.- Y yo tampoco dejé de pensar en ti.-

-¿Quieres… que te de mi número?- me preguntó.

Hubiese aceptado, pero sabía que no tendría sentido. Ya había engañado a Rachel una vez, no me permitiría hacerlo de nuevo.

-Nunca olvidaré nuestro tiempo juntos, Pet, pero creo que no estamos destinados a esa vida. No soy joven ya.- dije, mientras me dolía el alma.

Él asintió y se rió.

-Hasta siempre, Tom. Siempre te llevaré conmigo. Siempre.-

Nos dimos un último beso. No me importó nadie más.

-Hasta siempre, Pet.-


Y me marché del bar, con el corazón llorando y latiendo como nunca me había latido hace quince años.

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